Y de repente, un sentimiento de desenfreno sacudió mi pecho:
después de ir de un lado a otro las ideas no resistieron y lentamente descendían... se dejaban caer en un estado de serenidad como el de una nube el ruido se iba distorsionando, los cuerpos alrededor actuaban lentos los automoviles habían dejado de andar y tras el vidrio de esa ventana se
difundían los colores de esa mañana un olor fuerte, penetrante e imperturbable como el de las seis de la mañana en
el campo fundían mi respiración...
¡Señora!... señora...desea azucar para su café?
¡Señora!... señora...desea azucar para su café?
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